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Una Nebulosa Verdad

Ana Maria se había despertado esa mañana en la que recordaría una impecable Verdad. Aparentemente era como cualquier otro día, nada especial, tenía que levantarse, lavarse los dientes, verse a la cara sin maquillaje y notar las marcas negras salpicadas en su piel; no eran lunares, sino marcas de su vida: barros y espinillas de su adolescencia; cicatrices de las riñas con sus hermanos; dermatitis mal cuidada por compartir cosméticos con las amigas de la secu; y herpes labial, que le salió después de una rica noche con un chico que apenas había conocido una noche en un antro; no sabía a quien echarle la culpa, si al embrutecimiento por el alcohol, o a sus desbordados deseos insanamente destapados esa madrugada.

El vapor de la regadera impregnado por todo el baño, interrumpió el deambular de sus recordatorios del pasado. Cerró un poco el agua caliente y aumentó la fría, ya estaba tibia y rica, sentía el agua deslizarse por su cuerpo desnudo; la abultes de sus rizos se aplanaban con el peso del agua, era tanta la gracia de las sutiles caricias del agua, que entró en un estado etéreo, sublime, un transe adormilante en el que solo se escuchaba el tilitante impacto del agua con su piel. Su mente se apaciguó, el agua tibia había relajado más que sus músculos y sentidos. Los pensamientos y divagaciones que había tenido frente al espejo se sucumbieron ante un estado de observación implacable, no la molestaba nada, ninguna disturbación, ni el vapor que cubría todo el cuarto la distraía, por el contrario, creaba un ambiente nebuloso y de manera inverosímil la transportaba a una experiencia en los cielos. Sintió entonces un calor radiante y atrayente hacía esas nubes de vapor con formas perfectas; en la medida que avanzaba sin caminar, sintió como su propia presencia le habría paso por las nubes que se apartaban haciendo reverencia. Llegó a un punto paralizante en que las nubes se habrían ante una luz de inimaginables proporciones; no la podía ver por que su intensidad la cegaba, mas la sentía en los ojos receptores de sus células y de su ser. No veía, pero visualizaba. No escuchaba, pero percibía. Todo era tan claro pero a la vez ininteligible, su razón estaba apagada, la mente no tenía cabida en ese momento. Se comunicaba con esa luz pero no era la misma ella conocida y que estaba acostumbrada a experimentar como su propio yo. Podría de alguna manera decodificar en todo su ser las señales recibidas. Se le revelaba una verdad, absoluta, omnipresente, una sensación de iluminación, de su verdadera esencia, de su conexión con la fuente de vida. Si existía la energía del Universo o Dios, eso era. En un instante Ana María pudo recorrer en las sensaciones de su existir todas aquellas identidades y experiencias que tuvo en vidas anteriores, y sentir también el futuro potencial de su ser, todo aquello en lo que se podía convertir cuando ella así lo eligiera. Ahora todo le quedaba claro, todo tenía sentido. Sin esfuerzo alguno podía integrar esa verdad como algo inconmensurablemente real. Todo esto emanaba una sensación de seguridad de que esta Verdad era incuestionable, quedándole claro que los umbrales del pasado y el futuro solo existen en el presente de los humanos. Todo se resumía a ella, las barreras de todo aquello que fue y todo aquello que podía ser se fusionaban y transmutaban en una condición, la que hacían su propia existencia. Ana María pudo comprender que en su interior yacía una inmensa gama de posibilidades pasadas y futuras que solo tenían sentido en ese instante, ahí donde estaba, en lo que sentía en el aquí y en el ahora. La infinidad de posibilidades de todo lo que podía ser estaban entramadas en su existir. Cuando lo pudo comprender, <<ay wey!>>, regresó súbita y gentilmente de vuelta al baño, fue al hunismo momento del chorro de agua fría que rociaba su cuerpo en señal que se había agotado ya el agua caliente.

<<Que me pasó? ¿A dónde fui? Que viaje!>> Nunca había experimentado algo así ni cuando había comido hongos o tomado éxtasis con sus amigos después de ir al antro. De repente se dió cuenta que habían pasado 20 minutos en ese transe y ya debía de salir de su casa para llegar a tiempo al trabajo; no se talló ni enjabono, solo se secó la mugre remojada en la piel, que retiraba cuando pasaba la toalla para secarse. La toalla color melón, quedó con manchas grisáceas como si se hubiera despintado o cambiado de piel, y efectivamente, así había sido después de su viaje en el nebuloso cielo de su baño.

Con el pelo todavía escurriendo, salió de su casa y casi se pone un porrazo al descender de la escalera del edificio cuando trataba de abrocharse la zapatilla. Se subió al auto, lo encendió y su estomago hizo ruido como si hubiera sido éste al que hubiera hecho ignición, sus entrañas le recordaba que no había desayunado y demandaban bocado.

Salió de su casa y tomó la avenida principal, aprovechaba los semáforos en rojo para ponerse rubor, sombras y delinear sus cejas. El claxon del taxista desesperado que tenía atrás la hizo darse cuenta que tenía que andar, metió velocidad pero por la presión de los claxonazos metió tercera en lugar de primera y se apagó el carro abruptamente. <<Muévete! Tenías que ser vieja!>> gritaba encolerizado el taxista quien no aguantó más y viró estrepitosamente a la izquierda para rebasarla aprovechando que había un pequeño espació en la  fila de autos que iban circulando en ese carril. Acelera el taxista para meterse a la brava cuando, pácatelas! Le pone un moquetazo en la esquina del carro de Ana María y  un ruido estridente hace volar en pedazos la calavera y desfigura la esquina de la cajuela del Honda Civic que hace 3 meses había sacado de la agencia. El taxista quedó ensartado en la esquina del carro y no se podía mover; seguramente se hubiera pelado pero no podía. El trancazo sacudió a Ana María pero no la lastimó físicamente, en su mente iban acaeciendo un sin fin de sucesos: <<ahora sí, voy a llegar tarde, me quedan 15 minutos para meter mi tarjeta en el reloj chocador, y tengo una junta a primera hora con mi jefe>>. Su estomago también reclamó atención con retortijones,  eran gritos de <<tengo hambre!>>. Parecía que todo estaba en su contra, tenía que esperar el de la aseguradora, lidiar con el taxista enrabiado, esperar a que llegara la policía a la escena y dirigir el ahora caótico embotellamiento.

Ana María se sentía agotada, se inclinó hace adelante tocando con su frente el volante en señal de una exasperante rendición. Cerró los ojos y todo le daba vueltas. El taxista ya se había bajado y venía caminando decidida y desafiantemente hacia Ana María echando mentadas e insultos no aptos para los lectores de esta historia increíble.

Ana María recordó lo maravilloso que había sido su nebulosa experiencia en la ducha y deseaba regresar ahí, con esa paz y esa luz. Cuando pensó esto, pudo sentir la misma sensación, como si el tiempo y el espacio se detuvieran de nuevo y la destellante luz le volviera a comunicar algo. No era una voz, era un conocimiento que se aparecía intuitivamente y diafragmáticamente en su interior, <<puedes ser todo aquello que fuiste y que serás. Recuerda! Recuerda!>> Le volvía a quedar claro, ella podía ser lo que en otras vidas fue, o lo que en otras será, tenía el poder de elegir. El tiempo es una ilusión, y ahora ella podría crear su propia realidad. Ana María estaba segura, sabía desde su interior que ella podía ser la hechicera medieval que una vez fue y que podía utilizar su poder, o la negociadora y lidereza de oriente medio que llevó a la liberación de su pueblo, o cualquier otra figura que ella concibiera; si lo podía concebir, era por algo, para elegir.

Cuando se postró el hombre en su ventanilla escupiendo rabia, ella lo miró profundamente a los ojos sin escuchar nada, solo podía ver el mover de los labios del taxista detrás del vidrio. Dijo entonces un conjuro << Liebe, Kraft, und Freude!>> y miró al taxista con una mirada profunda, penetrante, como si pudiera mirar hacia el interior de ese hombre invocando su gentileza. En ese momento el hombre quedó petrificado, como zombi, sus pupilas se dilataron y más que adormilado, se veía demasiado despierto. Cuando Ana María bajó el cristal de la portezuela, escuchó, <<¿está bien señorita? ¿no le pasó nada?>>. Ana María se quedó perpleja de lo que había hecho, no daba crédito a la consideración del taxista. <<Señorita, discúlpeme, la verdad es que me exasperé y no le calculé bien! Admito mi culpa, pero yo se lo pago, no se fije!>>. Increíble, Ana María no dejaba de estar sorprendida, y en esa emoción su estomago mostraba también actividad con retortijones audibles. Entonces se imaginó ella misma como un monje Theradava dedicado a la contemplación y experiencia de lo divino; en eso escucha, <<señorita, señorita, tómese esto para el susto>>, era Doña Martha, una señora regordeta y muy servicial vendedora de jugos del puesto ambulante de la esquina, le regalaba de caridad un jugo de naranja, tal como se alimentan los monjes de la buena caridad de las personas. Al sentir su conexión, Ana María pensó entonces en la junta que en esos momentos ya debería de estar empezando; se imaginó ella misma sentada ahí, con su jefe, discutiendo juntos el plan financiero del nuevo proyecto. Terminando de pensar esto, un auto se aproxima y era su jefe que por no escuchar el despertador se le había hecho tarde. Ana Maria estaba a tiempo para su junta!  Estaba tan contenta con su revelación nebulosa que irradiaba luz por todos lados: solo se requiere desear y afirmar lo que se quiere y convertirse precisamente en eso; ya fuimos y seremos lo que estamos haciendo aquí y ahora, hay que recordarlo. Desde entonces a Ana María le quedó muy claro, a esta vida no venimos a descubrir lo que somos, sino a recordar lo que fuimos y seremos, y así manifestarlo!


Dr. Oscar Barrera
Terapia Holística
Ave. Via Muerta # 44
Col. El Morro, Boca del Rio
VERACRUZ
Cel.: 2292.13.94.00
Email: terapiaholistica.ver@gmail.com
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“La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla”
Hermann Hesse

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2 Comentarios para “Una Nebulosa Verdad”

  1. da best. Keep it going! Thank you

    Comentario por: AndrewBoldman | June 4, 2009, 6:37 pm
  2. I’m glad that after surfing the web for uch a long time I have found out this information. I’m really lucky.

    Comentario por: CrisBetewsky | July 6, 2009, 11:52 am

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